viernes, 12 de junio de 2009

El amargo resplandor





Doña Rosa se sienta, se ríe, bosteza, se estira, se acuesta, se duerme… despierta… mira a su perro, le grita… se acerca… lo abraza, lo besa, toma su hocico…lo maquilla, lo tiñe… el perro arranca… su lomo es rojo y su nariz con rush…se ríe, me mira, me pide un cigarro, fuma, traga vino, se mea y se vuelve dormir.

Huérfanos es una calle rara, antigua, espesa. Dormían ahí los peones de Don mateo Toro y Sambrano, buscaba chinas su distinguido hijo Joaquín. “El callejón de las caballerizas” fue el primer nombre de nuestra vía, bautizada como venusterio antes que nada.

Doña Rosa, parece saberlo, se encierra con su lacho en las profundidades de la calle, bajo las veredas, junto a los cables y las líneas de teléfonos, se entrega amorosa y risueña en su rinconcito escondido, su lugar, esta tapiado por gruesas planchas de bronce, debajo de nuestras suelas, ajena, bajo nuestros pies, se ríe, llora, suspira, gime, descansa.

Huérfanos fue camino de monedas reales. Las primeras acuñadas en Chile, en plata el rostro de Fernando VI, antes de que se volviera loco, antes incluso de sus purgas contra los gitanos. 12.000, fueron detenidos, censados, robados, distribuidos, muchos ultimados.

“La moneda real” fue el segundo apodo de nuestra calle. Desfilante caminaba Don Francisco García Huidobro, más rico que el rey, modificaba onzas, cambiaba pesos, acumulaba monedas. Su fraude se supo, mestizos y criollos cuchichiaron y se mofaron, el mismo rey, puso orden, apago su fundición y puso a otro en el cargo.

Una monea….una monea, repite Doña Rosa, una monea…ya no es mucho lo que cobra…una monea…ya no hay miles ni cientos en sus bolsillos…una monea… olvido billetes y escudos.

Escudos nobiliarios adornaban la fachada de las calzadas de Huérfanos, hasta que “el Regente”, lego su titulo para nominar la calle y cambio títulos por números, esos que bien conocía, se formo en la real audiencia, en la justicia máxima, cientos de soldados, miles de indios muertos, tantos en el cepo, cuantos a la horca, ese era su oficio, legado en cifras. Los criollos se escandalizaron, los señores no tenían distinción, poco importaba su genealogía, regodear su herencia heráldica era cosa del pasado.

En el 645 de Huérfanos Doña Rosa duerme, en el 450 toma, en el 380 come, hace 20 años que vive en la calle, a los 21 su primer cliente, a los 55 la estafaron sus retoños, 2 hijos y 1 hija, lo demás… dice… no tiene numero.

El marques de Monte-Pío, fundo el hospicio de pobres. A la mañana siguiente de pregonar su idea, su puerta albergo cinco niños huérfanos, entendió el mensaje, adorno una gran casa de ladrillos, separo hombres y mujeres en dos alas, construyo camas y mando a pedir un cristo a Roma.

Antes que el cristo llego la cólera. La calle de los huérfanos, se lleno de moribundos, sacaron a la virgen de Santo Domingo, al santo patrono de calle merced, Santiago apóstol, pero nada funciono, la ciudad era infección, acuosa y profusa. La casa tuvo que mudar huérfanos por coléricos.

Rosa no recibe Monte Pío ni jubilación, su trabajo pasado, no cotiza, alguna vez impuso, pero no en dinero, pago por casas y artistas, compro pianos, adorno telones, diseño trajes, compro plumas, perfumes, collares, camas y sabanas… a ellos no se les podía recibir en cualquier parte, debía ser, el mejor lugar de la ciudad.

Pasó la muerte por Santiago, volvieron los huérfanos. Entraron los tiempos de independencia, y la calle como no, reclamaba su papel en el centro, ahora se cambiaban huérfanos por granaderos. Juan José Carrera, señorito de la emancipación, tomaba el mando de la casa, de allí salieron los patriotas a Yerbas buenas a San Carlos y a Chillan, nunca mas volvió, lo fusilaron, una, dos, tres descargas para matarlo.

El pago de Chile…me dice doña Rosa mientras sacude su caja de vino…toma un gran trago y se ríe… intuye que yo ya se, y que por eso me acerco…que me mira tanto… le gusto…choca puño con palma, una, dos tres veces…se muerde el labio…ya pues, le gusto o no.

No hace falta hablar del Goyesca, o el Bim Bam Boom, de las citas en el Rex, de los regalos exclusivos comprados en Gath y Chaves, es historia antigua y amarga, para Rosa y para Huerfanos, otro chile, otras calles, otros señores caminaban por Santiago.

La otra, la amada, la querida, Rosa fue las tres… de quienes… de esos señores, de los que se fueron para no volver, los que apretaban la mano, los de la verdad bien dicha, los de puño firme y labia envolvente, patriarcas que se hundieron un martes de septiembre, con la juerga, la noche y con Rosa.

Besaron su cuello, labios acostumbrados a los discursos, se especializo en sacar corbatas y ternos… en segundos… su cuerpo hedía a Flaño y a poder, se acostumbro a los regalitos y al whisky, a los lemas… Patriotismo, trabajo y libertad, gimoteaba…revolución en libertad, suspiraba…socialismo a la chilena, sollozaba.

No, no me gusta, le respondo…toma otro trago… y si no te gusta lo que ves, pa que me mirai tanto…se pone de pie y empieza a modelar…se ciñe la falda, me da la espalda… camina coqueta hasta cruzar la calle.

Huerfanos es un lugar donde uno se enfrenta al tiempo, tiempo que ha estado dentro del tiempo de los otros, únicos espacios… Rosa se sienta nuevamente…fuma… antigua y espesa, por ambas marcha el recuerdo, una fue acceso, la otra entrepiernas, ambas son pretenciosas y nostálgicas, ambas cargan sobre si con un amargo resplandor.

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